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La vida es corta: una filosofía del diseño (o no)*

He sido un “diseñador” profesional, con éxito razonable durante más de 15 años hasta ahora, con una vida bastante cómoda y una larga lista de clientes prominentes, y todavía me siento incapaz de definir exactamente lo que hago. No soy un diseñador de páginas web, porque a pesar de ser conocido principalmente como tal durante el auge en línea del Oeste Salvaje de los años 90, pronto me aventuré en la impresión, técnicas de marca, exposiciones, también en el cine y la animación gráfica. Aun no puedo posiblemente definirme a mí mismo como diseñador, con toda justicia -no me formé para ello, y mis títulos están vinculados a estudios literarios y culturales, lo cual es irónico: un hombre de palabras, con problemas de visión, metido en el mundo visual-. “Arquitecto de información” es más evocador, pero un poco pretencioso en estos días, y tampoco es exactamente todo lo que hago, aunque generalmente es parte de mi perfil, en la creación de aplicaciones web.

“Soy un artista”, suena terriblemente a hípsterismo, ¡Dios nos libre! No somos artistas, ¿o no? Para mí, “artesanía” suena mejor. Siendo un ser extremadamente perezoso -un defecto de nacimiento-, y que no tiene que comunicarse salvo por necesidad, me inclino hacia la indecisión por naturaleza. Digamos que soy un amateur, un jornalero, un artesano. Hago cosas por dinero, cuando lo necesito. ¿No lo hacemos todos?

Entonces, ¿de qué trata el “diseño”? Yo diría que es la capacidad de convencer a los clientes para pagar algo que lo merece, para un tiempo, y – si es posible- en efectivo. Algo más, las negociaciones puntillosas sobre código y espacio negativo, color y todo eso, son variaciones de la Artesanía.

La vida es corta, y la artesanía es larga, como dijo Hipócrates, así que mantengámoslo así de simple, ¿de acuerdo? Siempre se firma un contrato, siempre se paga por adelantado el 50% del presupuesto total, sin excusas, sin retrasos, y nunca se hace un trabajo especulativo o emplazamientos gratis -Hipócrates podría también añadir: “No mate a sus clientes”, aunque a veces es pedir demasiado.

La verdad es así. Todo esto significa “diseño”. El resto, lo que tenuemente llamamos “talento” -una combinación de autoconfianza terca y desconfianza exasperantemente debilitante, mezcladas con grandes dosis de paciencia e insomnio-, es negociable y tiende a desarrollarse con el tiempo, si alguien se centra en ello el tiempo suficiente.

Lo que hacemos es más parecido a la sastrería a medida mezclada con vudú e ingeniería y, por lo tanto, tenemos que soportar a todos los que tienen una opinión sobre ese tema, lo que puede ser molesto, pero también es bueno, ya que impone poca auto-disciplina en nuestros caprichos, y mantiene cualquier tentación de ser inútilmente un “arty-wanky” en la bahía. Tenemos limitaciones impuestas por nuestros clientes, por lo que estamos obligados a hacer mejor lo que recibimos, intentar evitar, si es humanamente posible, que el resultado final se convierta en una tontería. La salida de clientes de vez en cuando también ayuda mantener la cordura –y las cuentas rentables-.

Casi me olvidaba: Grandes lecciones aprendidas. No sabe nada, nadie le debe nada, y los adolescentes en estos días son mucho más creativos de lo que nunca será. As que, admítalos como pasantes no remunerados, y exprímalos: Se lo agradecerán, una vez que te perdonen, y en su vejez, cuando tengan 40 años o así, incluso pueden darle un premio a toda una vida de logros, o algunos ritos funerarios.

Los gustos cambian, y lo que se considera valioso hoy será descartado mañana como trasto -y viceversa-. Visite un museo, eche un vistazo alrededor: Guardan casi 100 veces más imágenes en el almacen del sótano de lo que tienen expuesto a la vista, imágenes que desaparecieron de la vista pública. Por lo tanto, vamos a olvidarnos del “arte”, y volvamos al trabajo. La artesanía es larga, la vida es corta, y vivimos, como siempre, tiempos inciertos. Todo lo demás -la tecnología, las opiniones, el reconocimiento, ideas, esperanzas y deseos bastante irreales- son secundarias a la artesanía. Apréndalo: Se encuentra a su alrededor, lo tiene dentro. Intente sobrevivir siempre que pueda, y siga intentándolo.

Para que vea. Le dije que no tengo ninguna respuesta.

*Miguel Ripoll: Diseñador

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