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Diseño socialmente responsable en un mundo muy controvertido*

Es complicado. El tema que nos ocupa está plagado de dificultades. Podría explayarme poéticamente sobre nuestro llamamiento superior, pero es necesario decir la verdad. Como diseñadores ¿cuánto de nuestro trabajo últimamente no ha dañado el planeta en lugar de mejorarlo? En un mundo nudoso me resulta difícil hacer lo correcto, pero intento como hacerlo. Presto apoyo a una sociedad sin papel, pero aún me encantan los libros. Aún así, no puedo dejar de preguntarme, con todos los árboles salvados ¿cuánto carbón se quema para producir la electricidad que recarga las baterías en nuestros laptops, teléfonos inteligentes y tabletas?

Soy una persona de libros. Me encantan los libros, leer, tener y producirlos. Sin embargo, el mundo aparente de los derechos de la edición de libros en los EE.UU. del cual soy miembro activo, ha hecho el cambio de imprimir en China, donde el salario mínimo establecido es el equivalente de 1.19 dolar por la hora, con 82,6% de las fábricas que no pagan los salarios de acuerdo con las leyes laborales chinas, en relación con el salario mínimo y/o las horas extraordinarias. Y los trabajadores no tienen medios para participar en la negociación colectiva, según China Labor Watch, una organización independiente sin fines de lucro.

¿Qué se debe hacer? Como medida correctiva, para un libro que recientemente edité y diseñé estábamos determinados a imprimir en los Estados Unidos, a pesar del aumento de los costos. Mientras que descubrí que los trabajadores, sin sindicato, trabajan durante la hora del almuerzo, ya que no reciben remuneración por ello, ni por los días de enfermedad. Aunque no hay duda de que estas condiciones están muy lejos de aquellos en China, todavía hay mucho que desear.

Soy también un vegano sincero, y temo lo que constituye el pegamento que une mis libros juntos. También me preocupa la sostenibilidad de los revestimientos ultravioleta que protege mis esfuerzos.

Hace diez años me decidí por un cambio de estilo de vida, dos veces. Dejé de hacer mi diseño a tiempo completo, que combinaba con la enseñanza, por la docencia de tiempo completo. Para esto, mi motivación era escribir y diseñar mis propios libros, para cualquier editor interesado. En mi nueva vida, uno apoyaba el otro.

Así, aunque no fue por razones enteramente altruistas por lo que hice el cambio, pronto me di cuenta de que el efecto que tenía en los jóvenes aumentó de manera exponencial. La primera experiencia en la docencia fue directamente al graduarse de la Universidad de California, Fullerton, en California. Enseñé diseño por un año, de 1984 a 1985, en el Instituto de Diseño y Merchandising en Los Angeles. Aunque fue de nuevo invitado el semestre siguiente después de retirarme, en ese momento de mi carrera me dí cuenta que tuve que aprender más que enseñar. No fue hasta 1992, después de regresar a Nueva York y trabajar en el mundo editorial, que me sentí listo, y empecé a enseñar el diseño conceptual en la Escuela de Artes Visuales en Nueva York. En 1995 fui contratado como profesor adjunto de la Universidad de Marywood, Scranton en Pennsylvania, para su programa de la Maestría en Bellas Artes (MFA), donde soy ahora el director. Desde 2004 hasta 2010 dirigí el Estudio de Diseño de la Universidad de Kean, en Union en Nueva Jersey. Fue allí donde empecé combinando la docencia con la responsabilidad social. “El Estudio de Diseño” que ya tenía lugar, décadas antes había comenzado por Martin Holloway y continuado por Alan Robbins. Funcionó como un estudio de diseño activo haciendo que los servicios de diseño de comunicación disponibles para la universidad y para la comunidad sin fines de lucro en general. En el ambiente del aprendizaje en el estudio, los estudiantes crearon un nivel profesional del diseño que de otra forma no disponible para sus clientes. Desde el punto de vista académico, los estudiantes matriculados en el curso fueron expuestos a las limitaciones prácticas y oportunidades de la producción de proyectos del diseño para clientes reales. Durante mi mandato los estudiantes ofrecieron estos servicios a numerosas organizaciones no lucrativas, La Cruz Roja, la ONG internacional “United Way”, los refugios de mujeres, las guarderías, hospitales, teatros comunitarios y otros, y así ganaron más de 30 premios nacionales e internacionales de diseño, tanto en las categorías profesionales como de estudiantes.

Ahora en la Universidad de Marywood he seguido esta práctica a través de “El Diseño Colectivo”, que también funciona como necesarias prácticas del trabajo de campo para el estudiante.

Mi filosofía de docencia es simple: alentar, apoyar y predicar con el ejemplo. Con la precisa orientación y el apoyo los estudiantes están habilitados para alcanzar su máximo potencial. Es mi deseo de retribuir todo lo que me han enseñado (al mismo tiempo aprender de los estudiantes). Para el futuro que está en sus manos y lo más socialmente responsable para me como diseñador y ciudadano del mundo es compartir mis conocimientos y preocupaciones y traspasar la responsabilidad.

*Steven Brower: Diseñador

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